Las horas de llegada y de salida a una fiesta pueden convertirse en un motivo de angustia. ¿Cuándo hay que llegar a un evento? ¿Hasta cuándo hay que quedarse? ¿Cómo hacer una despedida a tiempo? ¿Cuál es la línea que diferencia el retraso elegante de la mala educación? Las llegadas y las despedidas han de estar estratégicamente calculadas. El momento justo de entrada y salida depende del tipo de evento, pero también es cierto que las fórmulas son relativas. Les ofrecemos unos principios básicos.


Foto: Dan Barbalata / 123RF Stock Photo.

No aparezcas en una fiesta sin avisar

Si decides acudir a un evento el día antes y no lo ha anunciado por escrito, no se te ocurra aparecer sin hacer una llamada al anfitrión. Discúlpate por no haber respondido a la invitación con tiempo y dile que te apetece mucho acudir. Llegado ese punto, será el anfitrión el que decida decirte sí o no.

En los grandes eventos, suele haber una persona que regula el acceso y tiene una lista de invitados. Una rápida llamada telefónica te evitará el apuro de aparecer para que te den con la puerta en las narices. Por otra parte, el anfitrión estará demasiado ocupado como para que nadie le ocasione un revuelo en la entrada.

No seas un “pájaro temprano”

La hora de la fiesta se establece para algo. El organizador podría resentirse si alguien llega antes de tiempo (aunque lo disimule con gracia). Y por su propio bien, nada le resta tanto glamour a un evento como llegar y pillar al anfitrión en zapatillas de estar por casa, buscando el lugar apropiado para colocar las peonias.

Y por supuesto, no seas el primero en llegar y el último en irse.

 

 

 

 

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