Sanfermines, La Fiesta De Los Toros

Ana B. Remos


Pamplona es una pequeña ciudad española situada en el verde y frondoso Reino de Navarra. Es famosa internacionalmente por sus fiestas patronales conocidas como los Sanfermines, un acontecimiento que empezó como una feria comercial en el siglo XIII, y que con el tiempo se ha convertido en uno de los eventos más conocidos del mundo.

Los festejos comienzan con el lanzamiento del chupinazo (cohete) desde el balcón del Ayuntamiento de Pamplona a las 12 del mediodía del 6 de julio, y terminan a las 24h del 14 de julio con el “Pobre de mí”, una canción de despedida. Prácticamente una semana repleta de mucha juerga y diversión.


Intrépidos jóvenes conocidos como “mozos” guían a los toros en Pamplona.

Para descubrir el buen ambiente de esta celebración es recomendable que no les importen los tumultos, que se relajen y observen la hospitalidad, el desenfado y la alegría de vivir que caracteriza a los españoles. La masa de gente ríe, habla en voz alta, baila y se divierte en Pamplona. Seas de donde seas, te hacen sentir como uno más, vestido de blanco y con el pañuelo rojo (que es el atuendo típico de estas fiestas). Pamplonicos y forasteros hermanados en las calles durante una enloquecida semana, que probablemente convierta a una antigua bacanal romana en un aburrido cumpleaños infantil.

Si hubiera que destacar el evento que caracteriza a los Sanfermines, este sería los encierros de los toros, que nacieron por la necesidad de conducirlos hasta la Plaza Mayor, donde se celebran las tradicionales corridas. Antaño, algunos mozos corrían delante de los toros por la subida de adrenalina que suponía el riesgo. Esta costumbre se popularizó tanto que la tradición de los encierros en Sanfermines ha llegado hasta nuestros días. Sólo hay una diferencia, y es que el número de mozos (corredores) que desafía a los toros se ha multiplicado por 10. Los encierros, que recorren las calles del núcleo histórico de Pamplona, duran entre 2 y 3 minutos si no hay incidentes, y trasladan año tras año a la ciudad de Pamplona, al plano internacional, apareciendo en todos los noticieros.


1. El chupinazo marca el comienzo de las fiestas.
2. El encierro visto desde los balcones.
3. Toros y mozos doblan una esquina peligrosa cerca de la Plaza de Toros.

Para ser justos, hay que reconocerle al premio Nobel de Literatura Ernest Hemingway su intercesión para que estas fiestas se hicieran tan archiconocidas fuera de España. El insigne escritor llegó por primera vez a Pamplona el 6 de julio 1923, procedente de París. El ambiente de la ciudad y en particular el juego gratuito, a la vez que noble y lleno de belleza plástica, del hombre con el toro y con la muerte, lo impactaron tanto que la eligió como escenario de su primera novela de éxito The Sun Also Rises (Fiesta), publicada tres años después. Hemingway regresaría a los Sanfermines en ocho ocasiones más, la última en 1959, cinco años después de obtener el premio Nobel de Literatura y dos años antes de poner fin a su vida en Ketchum (Idaho) en 1961, precisamente 5 días antes de San Fermín.


Ernest Hemingway disfruta del espíritu hospitalario de los Sanfermines durante su última visita a Pamplona en 1959. / Foto: Julio Ubiña.

El representante de la llamada “Generación Perdida” corrió delante de los toros, entabló amistad con toreros como Antonio Ordóñez, comió, bebió y vivió con los pamplonicos, y experimentó con ellos la alegría, el calor y la euforia propias de los Sanfermines… Pero también se dejó impactar por la tragedia: fue testigo presencial de la primera cogida mortal conocida de un mozo en el encierro, el joven de 22 años Esteban Domeño, en 1924. Hemingway recogería el dramático episodio en Fiesta. También su novela Muerte en la tarde (1932) está ambientada en el mundo de los toros.


1. Encierro de San Fermín en la ciudad de Pamplona en 1924.
2. Encierro de Sanfermines en 1932.

Todavía hoy se conservan abiertos muchos de los establecimientos que frecuentó el escritor en sus diferentes visitas a la capital navarra. Así el bar Txoko, el Gran Hotel La Perla y el café Iruña, todos en la céntrica Plaza del Castillo, y el Hotel Yoldi, taurino por excelencia. El Ayuntamiento de Pamplona tributó un homenaje a Ernest Hemingway el 6 de julio de 1968 con la inauguración de un monumento en el paseo que lleva su nombre, junto a la Plaza de Toros.

Muchos otros famosos han seguido la estela de Hemingway hasta Pamplona, entre otros, el director de cine Orson Welles, la actriz Ava Gardner, Margaux Hemingway, nieta del escritor y, más recientemente, el dramaturgo Arthur Miller, la fotógrafa Inge Morath y el Nobel de Literatura antillano Derek Walcott.


1. La Octava de San Fermín es una procesión que honra al santo patrón de Navarra.
2. Procesión por las calles de Pamplona durante los Sanfermines.
3. Desfile de comparsa durante las fiestas de San Fermín.
4. Los niños participan en el desfile tradicional.
5. Corrida de toros durante las fiestas.

En cuanto a la gastronomía del lugar, desde restaurantes tradicionales, asadores o sidrerías, hasta la cocina de autor o los bares de pinchos (pequeñas y delicadas tapas), las opciones para degustar la cocina de la zona son múltiples. La cocina navarra es grande y ha alcanzado una altísima reputación por su diversidad de recetas, la riqueza y calidad de sus ingredientes y la buena combinación entre elementos originales y autóctonos de la sabrosa cocina del norte de España con elegantes influencias francesas. Lo más aconsejable es recorrer las intrincadas callejuelas de la ciudad y abandonarse al placer, pues créanme si les digo que lo verdaderamente complicado es comer mal en Pamplona.


«Pobre de mí» es la canción de despedida que cierra las fiestas de San Fermín.

Por otra parte, la variada y múltiple oferta hotelera de la capital Navarra es más que suficiente para atender las necesidades de los Sanfermines. Aún así, no existe mejor lugar para hospedarse que el histórico y céntrico Gran Hotel La Perla 5 estrellas, fundado en 1881 y completamente remodelado en el 2007. En sus lujosas habitaciones se han alojado personajes como Charles Chaplin, Orson Welles o el mismísimo Ernest Hemingway, cuya habitación se conserva exactamente como él la conoció y donde podrá alojarse si lo reserva con bastante antelación.


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