Personalidades


Sylvia Weinstock: Magia En Los Pasteles De Boda

Patricia Abaroa


Las tartas de boda de Sylvia Weinstock son hermosas obras de arte culinario que dejan una imagen y un sabor imperecederos.


Por más de 30 años, Sylvia Weinstock ha estado combinando gastronomía y arte. En su casa de campo en Hunter Mountain, Nueva York, Sylvia encontró una manera de reinventarse a sí misma mientras que su esposo Benjamin y sus tres hijas iban a esquiar. Sylvia, quien no practica ese deporte, se quedaba en casa y se dedicaba a hornear. Recuerda haber preparado mucho más de lo que se pudieran comer en casa, así que pronto comenzó a suministrar postres para restaurantes locales. La ex maestra de escuela ya había cumplido sus 50 años de edad cuando decidió ingresar en el negocio de la pastelería.

Sylvia Weinstock
SYLVIA WEINSTOCK.

La primera tarta que diseñó Sylvia Weinstock fue creada para una amiga de su hija, quien la puso en exhibición en su tienda. La creación de Sylvia atrajo la atención de un chef que trabajaba con Donald Bruce White, un abastecedor de alimentos de Nueva York. Sus clientes quedaron tan encantados con las tartas de Sylvia que en poco tiempo se convirtieron en el último grito de la moda entre la élite de la Gran Manzana.

Weinstock, cuya prestigiosa clientela incluye a Martha Stewart, Oprah Winfrey, Dylan Lauren y Jennifer López, es conocida como la “Da Vinci de los pasteles”. Según ella misma confiesa, su éxito lo atribuye a la batalla que lidió contra un cáncer de mama. Durante su proceso de curación, el chef William Greenberg Jr. le pidió crear tartas románticas decoradas con flores, ya que él no tenía suficiente tiempo para completar el pedido que había recibido. Esto fue lo que abrió las puertas del éxito a las renombradas tartas de Sylvia, que se caracterizan por las flores de azúcar que las adornan.

Sylvia Weinstock

Por la precisión de las creaciones de Weinstock, sería difícil negar su afición por las flores. Sylvia recuerda haber quitado los pétalos de una rosa, uno a uno, para luego juntarlos nuevamente hasta lograr una réplica exacta de la bella flor. “Hay que amar las flores. Hay que verlas desde un punto de vista botánico y funcional. Y es necesario amar mucho este trabajo para estar muy atentos a los detalles”, afirma Sylvia.

Lo que corona la obra de Weinstock es que sus tartas no sólo son hermosas, sino también deliciosas. La autora se enorgullece de usar los ingredientes de más alta calidad: frutas frescas, crema batida y chocolate importado. Estéticamente, no puede decir cuál es su favorita, aunque menciona su combinación preferida de sabores. “Mi favorita es la tarta de limón, frambuesa y mantequilla. En cuanto a belleza, no tengo preferencias. Es como preguntar a una madre cuál de sus hijos es su preferido. Nadie respondería a esa pregunta”, dice riendo.

El próximo febrero, Sylvia y su esposo Benjamin cumplirán 65 años de matrimonio. La pareja vive en una hermosa residencia de cinco pisos en el vecindario de TriBeCa, en Manhattan, donde el estudio ocupa los dos pisos inferiores.

Aunque parezca irónico, los Weinstock no tuvieron tarta de bodas. “Lo curioso es que en febrero cumpliremos 65 años de matrimonio y nunca tuvimos una tarta de bodas. Éramos dos jóvenes estudiantes, y nos limitamos a celebrar con una copa de vino y un trozo de tarta de miel, que era tradicional en ese tiempo. Eso fue todo”, recuerda. Desde entonces, por supuesto, las cosas han cambiado y ahora Sylvia considera que una hermosa tarta es parte esencial de una boda. “Me doy cuenta de que una tarta de boda es un elemento muy importante, tiene tanta preponderancia como el vestido de novia, y es lo último que uno recuerda de una ceremonia nupcial”.

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Los Weinstock se mantienen siempre activos. Gracias a una reciente asociación, las tartas de Sylvia se pueden adquirir en el St. Regis Bal Harbour Resort de Miami Beach, lo que confirma el renombre del sur de la Florida como el destino ideal para las bodas. Sylvia está fascinada con esta nueva coyuntura y tiene aún más planes: los Weinstock están pensando en concesiones de licencia de marca, en diseñar productos que pongan de relieve su marca, e inclusive en expandir su negocio a Asia y Oriente Medio. “Queremos compartir la belleza de lo que creamos con otras personas en el mundo”, afirma Sylvia de sus planes futuros.

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“Cada tarta que hago es hermosa, y siempre es un reto tratar de individualizarla hasta donde sea posible, según mi inspiración. Hay personas que se me acercan en la calle y me dicen: ´Usted hizo mi tarta de bodas, y se lo agradezco de corazón’. Otras que vienen años más tarde, y me dicen: ‘Usted hizo mi tarta de bodas, y ahora quiero que haga la de mi hija´”, explica Sylvia con orgullo.

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La magnífica impresión que dejan las tartas de Sylvia permanece intacta a pesar del tiempo. Esa magia en su obra es la que parece motivar e inspirar a Sylvia para continuar creando sus exquisitas tartas que serán recordadas mucho después de que nos hayamos llevado a la boca el último bocado.

 


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