Arquitecto


Joaquín Torres: el arquitecto de las estrellas

Irene Sanchez


Su arquitectura moderna y vanguardista ha deslumbrado a los famosos europeos.


Enfundado en una ceñida chaqueta, con un pañuelo estampado en tonos verdes y morados alrededor del cuello -a juego con sus pantalones- y una sonrisa que delata desde el inicio su trato cercano, Joaquín Torres me recibe en A-cero, su estudio situado en el parque empresarial La Finca de Madrid, el trampolín que le hizo saltar a la fama y convertirse en el “arquitecto de los famosos”. Cristiano Ronaldo, Penélope Cruz y Javier Bardem, Alejandro Sanz o Felipe González han sucumbido a los encantos del estilo de Torres. Y la lista continúa también fuera de las fronteras europeas. A fin de cuentas, el éxito internacional de estos clientes lo ha convertido, paradójicamente, en la verdadera estrella de sus construcciones. El trabajo de este asiduo lector de la revista ¡Hola!, en la que también aparece en muchas ocasiones como protagonista de alguna noticia, ha cautivado a la jet set española.


JOAQUÍN TORRES.


Infancia y adolescencia

A sus 42 años, Joaquín Torres recuerda que ya a los 12 y gracias al método de estudio de su colegio, el Liceo Francés, descubre su afición por el arte. Pero no son los profesores, sino su padre, Juan Torres Piñón, quien se encarga de inculcar al menor el gusto por todas sus variantes: música clásica, pintura, escultura y arquitectura. Cofundador de la constructora ACS junto con el actual presidente del Real Madrid Club de Fútbol, Florentino Pérez, el padre de Joaquín tiene una gran influencia sobre su hijo. “Fue incluso una losa para mí, tardé años en conseguir su aceptación”, dice Torres.

Estados Unidos lo reafirma en su pasión por la estética y la construcción. Su viaje a los 16 años al otro lado del océano le da alas para desvincularse de la presión paterna y descubrir por sí mismo si éste es el rumbo que quiere darle a su vida. La familia con la que vive en Washington DC para aprender inglés le facilita la toma de una de las decisiones más importantes de su carrera. “Les pedí que me llevaran a ver La Casa de la Cascada (Fallingwater) de Frank Lloyd Wright en Filadelfia, y la obra de Mies Van der Rohe en Chicago. Me gustaron ambas muchísimo, y me di cuenta de que quería ser arquitecto”.

Tras descartar Bellas Artes -“Por desconocimiento quizás, hubiera resultado algo menor para mi padre”- e Ingeniería de Caminos, realmente no le gustaba-, estudia arquitectura en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura en La Coruña (Galicia). Seducido también por la pintura contemporánea y la escultura, Torres conforma su propio estilo a lo largo de los años. Wright y Van der Rohe son sus primeros “maestros”, y se nutre paulatinamente de la estética minimalista del británico John Pawson y de los diseños de la iraquí Zaha Hadid, que admite que lo sobrecogen. Su evolución pasa de un estilo “ortogonal”, cúbico y racionalista, al actual: vanguardista, moderno y versátil (curvas, planos inclinados, etc.)


Joaquín Torres.


El arquitecto de los famosos y La Finca

La urbanización de lujo La Finca es, sin lugar a dudas, el culmen de su carrera profesional, aunque él insiste en que se trata, más bien, de un logro en su carrera mediática. El promotor inmobiliario Luis García Cereceda tiene la idea, a finales de los 80, de construir un complejo de 180 mansiones en un terreno a las afueras de Madrid, entre Somosaguas y Pozuelo de Alarcón. El resultado se ha convertido en una “obsesión” para los famosos. Se trata de un complejo lujoso, discreto y tremendamente seguro (cámaras de vigilancia, alarmas, infrarrojos y numerosas garitas con porteros a la entrada), con un sistema ideado para que todos los servicios públicos (recogida de basuras, alumbrado, alcantarillado, carreteras) queden bajo gestión privada. De esta manera, sólo los residentes y sus invitados pueden acceder al recinto, que tiene casas desde 2 hasta 12 millones de euros en las que, si los dueños quieren, apunta Torres, pueden dormir con la puerta abierta. La receta del éxito no había hecho más que fraguarse: el lujo, la seguridad extrema y el toque vanguardista de Joaquín Torres son los ingredientes que han conseguido que La Finca supere en prestigio a zonas tan asentadas para la clase pudiente madrileña como La Moraleja o Puerta de Hierro, y que su precio por metro cuadrado se haya disparado desde el comienzo, hace ya 13 años.

Desde el inicio, Joaquín Torres forma parte de este ambicioso plan. “Cereceda fue mi mecenas del siglo XXI. Realmente me dejó desarrollar mi talento todo lo que yo quise, y aproveché esa oportunidad al máximo”. A las pruebas se remite. En el año 2000 se traslada a vivir a La Finca, por exigencias del constructor, y comienza a diseñar las primeras casas, que llamarían la atención de las celebridades del panorama deportivo, artístico y empresarial español. Las primeras construcciones de 1.000 metros, valoradas en 2.700.000 euros, se vendieron en dos semanas. Torres no daba crédito. Diez años después, quedan escasas parcelas y la lista VIP aumenta.

Alfonso de Borbón y su esposa, la venezolana Margarita Vargas, o el matrimonio entre el torero Enrique Ponce y Paloma Cuevas, han sido de los últimos en integrarse y formar parte de un vecindario que compartirán junto a los futbolistas del Real Madrid Raúl, Cristiano Ronaldo, Guti, Kaká y Fernando Hierro, y a otros rostros conocidos como la actriz Paz Vega, el piloto de rally Carlos Sainz y el entrenador de fútbol José Mourinho -que paga 20.000 euros al mes por el alquiler de su casa-. Dentro de la urbanización, la zona más exclusiva es el sub complejo “Los Lagos”, 65 hectáreas en las que las casas que construye el estudio A-Cero por contrato tienen más de 2.000 metros cuadrados.

Con todo y eso, insiste en que su apodo, “el arquitecto de los famosos”, no se corresponde con la realidad: “De 200 proyectos que tenemos en A-Cero, sólo el 15 por ciento los ocupan personajes conocidos. El resto son de gente de clase alta, directores de bancos y dueños de grandes empresas, pero son personas completamente anónimas”. Al final, dice resignado y con orgullo al mismo tiempo: “La gente sólo se fija en nombres como Amancio Ortega, Felipe González o Penélope Cruz, pero no en las obras. Y son las casas las que trascienden, no sus dueños, sean quienes sean”. Claro que pocos han tenido la oportunidad de construir un pazo en Galicia al presidente de Inditex, o mansiones al ex presidente de España Felipe González o a la cantante Madonna en Dubai.

“Al espacio te acostumbras”, dice Torres sin titubear. La casa más grande que ha construido es de 9.000 metros, un palacio del siglo XXI en Arabia Saudí. La de su madre en la finca La Escorzonera –próxima a la también urbanización madrileña de lujo La Florida- tiene nada menos que 3.000 metros. “Al principio estaba horrorizada con tanto espacio y ahora está feliz, ha hecho suya la casa”. ¿La más cara? Probablemente, dice, la de Luis García Cereceda en La Finca, precisamente. “Es la vivienda del propietario de la urbanización, una especie de tarjeta de visita para los compradores, tiene materiales y espacios muy cuidados”. Una mansión valorada en 20 millones de euros.


Joaquín con su socio, el arquitecto Rafael Llamazares.


La clave del éxito de sus creaciones es, según describe, que “son visualmente muy potentes, viviendas rotundas, casi esculturas dentro del entorno. No hay nada parecido. Además, son casas funcionales y tremendamente reales”. Su estilo prevalece, aunque siempre escucha al cliente y cede ante algunas de sus demandas. Me habla de los pedidos normales, como piscina interior y exterior, bodega, cascadas de agua, gimnasio o cuartos de juegos más grandes que los salones de la casas. También de peticiones inusuales como peluquerías, salas de Bikram Yoga, garajes con más de 10 plazas y, pese a la extrema seguridad del recinto, habitaciones del pánico –espacios blindados y ocultos con línea de teléfono, que protegen la integridad del individuo frente a asaltos en la casa-. Se acuerda también de un pedido curioso del futbolista Cristiano Ronaldo: “Quería que su dormitorio estuviera conectado con el del niño, cuando en ese momento no tenía ningún hijo”.

En un nuevo capítulo de su vida, Torres se adentra ahora en tierra americana, con varios proyectos residenciales en la exclusiva zona de Key Biscayne en Miami. No será de extrañar que su estilo pronto se convierta en distintivo de la arquitectura residencial de esa ciudad.

Mientras me cuenta la intensidad de su día a día y de sus últimos proyectos, Joaquín recibe una llamada de Mercedes, a la que contesta al segundo y dedica un cariñoso “Te quiero” al final, tras hablar sobre cómo y dónde colocar un cuadro. Se trata de la madre de sus dos hijos Manuel y Álvaro, su compañera de viaje y de profesión. Mercedes Rodríguez Parrizas es pintora y la principal decoradora de sus casas. “A la única que recomiendo libremente es a Mercedes. Me parece sencillo: nadie piensa que hago de intermediario, me gusta cómo pinta y sé perfectamente que puedo conseguir el cuadro a un precio razonable”. Las horas que Torres dedica a A-Cero, al gimnasio y a la organización de cenas de amigos y familia a diario, no tendrían sentido alguno sin su esposa.


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