industria de la moda


Moda femenina en la corte de María Antonieta

Walter Raymond


Supuso un cambio que marcó el nacimiento de lo que hoy conocemos como industria de la moda.


Los vestidos de líneas austeras y colores oscuros del período barroco, caracterizado por una fuerte influencia religiosa, dieron paso a telas suntuosas y vivaces como el terciopelo, la seda o el brocado, que se impusieron en la época mundana y colorida del rococó.

Marie Antoinette
Escena de la película Marie Antoinette (2006).

Ese cambio cultural estuvo marcado por la personalidad de una mujer, María Antonieta de Austria, reina consorte de Francia en la segunda mitad del siglo XVII y símbolo del glamour y el buen vestir. El concepto de moda, tal como se asume hoy, irrumpiría entonces en Versalles, se extendería a París y desde allí al resto de las cortes europeas y otras latitudes.
 
El vestido a la francesa

Con la nueva época del rococó, los vestidos femeninos comenzaron a ofrecer líneas más sueltas, vaporosas y también más insinuantes. Fue el esplendor de los trajes femeninos con espectaculares faldas sostenidas por una armazón interior denominada panier, (cesta, en francés) debido a la forma de cesta invertida que adoptaba la falda. Esta armazón tenía la particularidad de desplazar la falda hacia las caderas realzando la figura femenina, aunque en algunos diseños alcanzaba diámetros de hasta cinco metros, dificultando la movilidad de la portante.

Marie Antoinette

El diseño exterior constaba de tres partes: la bata, abierta en su parte delantera y que acababa en cola; la falda propiamente dicha, y el peto, una especie de blusa que cubría el torso. Contribuía a ese incipiente realce de la figura femenina el uso del corsé, una estrecha faja semirrígida que entallaba el cuerpo realzando el busto, afinando el talle y la cintura.

El incómodo accesorio se ataba con cintas a la espalda, debiendo ser ajustado por asistentes. La lencería, o ropa interior, era simple: una larga camisola hasta las rodillas de tela liviana y, por debajo, enaguas desde la cintura hasta los tobillos. Por último, las medias eran de seda o algodón y se sujetaban con ligas de encaje o seda bordada.
 
Los imprescindibles accesorios

Los accesorios pasaron a tener tanta importancia como el vestido mismo. Las normas de la corte indicaban que, en las ceremonias oficiales, las damas que vistieran sin mangas debían cubrirse manos y brazos con guantes.

En verano, era permitido utilizar mitones, unos guantes que dejaban la mitad de los dedos al descubierto. Complementaban el atuendo el abanico -habitualmente adornado con delicadas filigranas- el maquillaje con sus polvos, fragancias y pinturas y, por supuesto, el repertorio de joyas.

Marie Antoinette
La industria de la moda

Sobre la base del “vestido a la francesa” se creaban detalles únicos en pedrería preciosa y finos encajes. Madame de Pompadour, por ejemplo, impuso el uso de volantes, lazos y el realce del cuello con un terciopelo adornado de flores o joyas. La competencia femenina por lucir más bellas y elegantes propició el desarrollo de una floreciente manufactura textil.

Entre los exponentes de la misma cabe destacar a Rose Bertin, pionera de la alta costura francesa y modista preferida de María Antonieta. Bertin fue nombrada “ministra de la moda” y tuvo taller propio en Versalles. Fue la creadora de unas muñecas que ataviaba con sus modelos y enviaba a las cortes europeas, lo cual viene a ser el antecedente de los futuros maniquíes. Ya en ese momento, se estaba asistiendo al nacimiento de lo que hoy conocemos como industria de la moda.  ■


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