comida de trabajo agradable y fructífera


Un Almuerzo Para Mujeres Trabajadoras

Ana B. Remos


La comodidad, un menú sencillo y la organización son las premisas para una comida de trabajo agradable y fructífera.


Las comidas en casa suponen un respiro en las actividades diarias y, ya sea una comida de trabajo o simplemente de ocio, mi objetivo es siempre que sea simple, fácil y cómoda. Adoro los almuerzos y normalmente planifico una comida de un solo plato con una ensalada verde para acompañar, un postre fácil de preparar y unas jarras de té helado o de zumo de naranja y menta para beber.

Pienso que las comidas, sean o no informales, tienen unas necesidades concretas y muy diferentes a las fiestas nocturnas. Por ejemplo, no se pueden esconder las imperfecciones atenuando las luces y encendiendo velas. Las habitaciones están bañadas por la luz natural y a veces descubro polvo en rincones que ni siquiera sabía que existían. Pero todos mis amigos, y también los suyos, olvidarán estos pormenores si la comida es deliciosa.

Para este almuerzo, queridos lectores, voy a preparar la mesa en el estudio, ya que vamos a trabajar y es imprescindible estar cómodas. Además de unas flores, como centro de mesa pondré unas tazas con lápices afilados y una pila de cojines. De esta forma podremos trabajar incluso durante el almuerzo. Y como las invitadas van a sentirse bien, no tendrán reparos en quedarse hasta que hayamos cumplido con la tarea. Cuando estén recogidos los platos, todas tendremos lápiz y papel a mano para comenzar a trabajar.

Personalmente opino que el concepto formal de salón-comedor está ya obsoleto. Las casas de hoy en día tienen una zona para comer (o dos, si tienen espacio en la cocina) y otra para cenar. Incluso en los apartamentos de hoy en día el comedor se ha convertido en biblioteca, en cuarto de juegos o en un despacho. Esto no ha ocurrido porque no comamos en casa, sino porque comer es algo tan importante que no queremos limitarnos a hacerlo en una sola estancia. Me parece inspirador poner la mesa en la biblioteca, celebrar en el cuarto de estar, me resulta muy cómodo comer en la cocina y tremendamente sexy organizar una cena para dos en el dormitorio. Con un poco de imaginación y una mesa auxiliar, cualquier lugar puede convertirse en un rincón delicioso para comer. Incluso la entrada de una casa se trasforma en una acogedora gruta si el espacio escasea.

Almuerzo de trabajo

Es divertido comer en diferentes rincones del hogar: en una pequeña mesa junto a la chimenea, junto a una ventana soleada, en tu rincón favorito de la sala de estar o debajo de un árbol en el jardín. El único requisito es la comodidad para usted y sus invitados. Hay que tener una mesa a mano por si el lugar elegido está muy lejos de la cocina, para que no haya que caminar por la casa con un recipiente caliente de sopa de tomate y para dejar los vasos, copas y platos de postre. Si su sofá se convierte en el lugar elegido para cenar, eleve los cojines de detrás con espuma cortada a medida y ponga una tabla alargada delante. Cúbrala con un mantel elegante y será la comida más cómoda que pueda imaginarse, lo hice cuando estaba embarazada de ocho meses y prometo que funciona.

Piense en un menú que no consista en muchos platos con un montón de salsas, de ese modo limitará el riesgo de manchas. En esta ocasión estoy haciendo un soufflé de queso de cabra con salsa de mostaza y una ensalada tibia con salteado de setas y tocino. Para el postre serviré tartas de crema (disponibles en la sección de congelados del supermercado) con salsa de chocolate hecha en casa.

En realidad los soufflés no son difíciles de hacer, pero el error más común es cocinarlos en un recipiente demasiado grande o demasiado pequeño.

Un plato redondo de ocho por cuatro pulgadas debe ser perfecto para esta receta y para un grupo de seis personas. Pero habrá que realizar dos si queremos servir el soufflé como plato principal. Piense en esto: si hay seis comensales y el cálculo es de 2 huevos por persona, hay que elaborar dos soufflés de 7 huevos cada uno (2 huevos por persona y uno para el bote). Y para asegurarse de que se levanta correctamente, habrá que añadir dos claras de huevo extra para cada uno de ellos.

También hay que hacer una salsa bechamel ligera con consistencia de flan, con una taza y media de leche y una cucharada de harina. A continuación, agregaremos queso de cabra y queso parmesano, y sazonaremos con sal, pimienta y una cucharada de mostaza. Cuando se haya enfriado un poco, incorporaremos las yemas de huevo. Después, lo mezclamos suavemente con las claras de huevo batidas y lo horneamos a 375º durante 40 minutos. No hay que pensar en abrir el horno durante este tiempo, ya que el cambio de temperatura hará que los huevos bajen. Y no se preocupe, si el soufflé baja por cualquier razón, se coloca en otro plato para hornear, se vierte un poco de crema de leche, se espolvorea con queso parmesano por encima y se mete al horno durante 10 minutos. Subirá milagrosamente para convertirse en un soufflé horneado dos veces. Este método funciona tan bien que a menudo me he asegurado de que el soufflé se caiga para volver a cocinarlo de nuevo. Como acompañamiento hago una salsa de mostaza de limón, elaborada con mostaza de Dijon, aceite de oliva y zumo de limón. Se trata de una salsa picante y perfecta para acompañar este plato.

La ensalada se cocina con setas salteadas y crujientes trozos de tocino mezclados con espinacas y rúcula. El calor de las setas marchita las espinacas ligeramente y los sabores del tocino envuelven todo con un aroma ahumado maravilloso. Si añade vinagre balsámico y aceite de oliva, el resultado será inmejorable.

Después de los nervios que paso con el soufflé, y como no quiero más estrés en la cocina, me decanto por un postre sencillísimo: Unas tartas de crema descongeladas y servidas con salsa de chocolate caliente ponen un elegante punto final a este almuerzo. Para conseguir que las tartas de crema sean más efectistas, formo una pirámide en la bandeja y vierto la salsa de chocolate por encima. Si rechaza rotundamente la crema de chocolate, caliente suavemente un tarro de fresa sin semillas o mermelada de frambuesa y viértala sobre las tartas de crema para conseguir una versión menos calórica.

Los almuerzos de trabajo tienen que funcionar como un reloj: una hora para comer, una hora de trabajo. Todo el mundo tiene compromisos por la tarde, y para las que trabajamos es tan importante una reunión de la junta como la cita semanal en el salón de belleza.

Recetas para seis.

Soufflé de queso de cabra

(El queso de cabra se puede sustituir por una variedad de queso azul, Emmenthal o Gruyère)
2 cucharadas de mantequilla, y algo más para recubrir el plato
1 cucharada de harina
1 taza y media de leche
Media taza de queso parmesano rallado
Media libra de queso de cabra, desmenuzado
7 huevos separados
2 claras de huevo
Una pizca de nuez moscada
1 cucharada de mostaza de Dijon
Sal y pimienta

Encienda el horno a 400º y luego bájelo a 375º. Extienda generosamente la mantequilla en un plato de ocho pulgadas para soufflé y espolvoree la mitad del queso parmesano para cubrir bien. Reserve en la nevera. Realizar la bechamel calentando dos cucharadas de mantequilla a fuego medio. Añadir la harina y remover hasta que se dore sin quemarse. Agregue la leche y cocine a fuego lento, revolviendo hasta que espese. Retirar del fuego y añadir una pizca de nuez moscada, mostaza, sal y pimienta. Añadir los quesos, revolviendo hasta que se combinen y se fundan, e incorporar las siete yemas de huevo, una cada vez, removiendo bien entre cada adición. En un recipiente aparte y usando una batidora eléctrica, batir las claras de huevo hasta lograr una consistencia sólida, de forma que si le da la vuelta al recipiente, las claras no se caigan. Usando una espátula, incorpore una cucharada de las claras de huevo en la bechamel para después verter todo en el recipiete que contiene las claras de huevo. Mezcle hasta que todo esté unido y con un color uniforme. Verter en el molde reservado, y con el dedo o con el mango de una cuchara, trazar el borde interior del plato del soufflé para hacer una cresta. Cocer en el horno durante 35-40 minutos hasta que suba y esté dorado. Servir inmediatamente.

Salsa de mostaza de limón

4 cucharadas de mostaza Dijon
4 cucharadas de aceite de oliva
2 cucharadas de zumo de limón

En un tazón mezcle la mostaza con el aceite de oliva. Incorpore el zumo de limón, removiendo para combinar bien.

Ensalada tibia de bacon y champiñones

1 libra de bacon o tocino cortado en dados
1 libra de champiñones laminados
Espinacas lavadas y secas
1 lechuga baby
Rúcula lavada y seca
4 cucharadas de aceite de oliva
2 cucharadas de vinagre balsámico
Sal y pimienta

En una sartén, cocinar los trozos de tocino hasta que estén crujientes. Retirar con una espumadera y reservar. En la misma sartén, a fuego medio, saltear los champiñones hasta que todo el líquido se evapore. Devolver los trocitos de tocino a la sartén para calentar de nuevo. Colocar en una ensaladera las espinacas y la rúcula y mezclar con las setas calientes. Para la vinagreta: mezcle el aceite de oliva con el vinagre, la sal y la pimienta, vierta sobre la ensalada y mezcle bien. Sirva caliente.

Salsa de chocolate caliente

6 onzas de chocolate oscuro
Media taza de crema de leche

Romper el chocolate en trozos. Derretirlo junto a la crema en un cazo, revolviendo para combinar bien. Servir caliente.


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