Cultura


El arte de la falsificación

Ana B. Remos


Un gran número de obras expuestas en los principales museos y galerías de arte del mundo son meras imitaciones. En ocasiones, se descubre muchos años después de la adquisición inicial, otras veces nunca se llega a saber.


“Se abre una investigación sobre la venta de obras de arte falsas”. Esta noticia es más frecuente de lo que pudiéramos imaginar. Algunos cuadros vendidos por millones de dólares en galerías, e incluso en subastas de reconocido prestigio, podrían ser falsificaciones, y una gran cantidad de obras expuestas en los principales museos y pinacotecas del mundo lo son. A veces se descubre muchos años después y otras, nunca. El mayor espacio para la venta de obras trucadas se encuentra en internet. Las cifras que se mueven alrededor del comercio de falsificaciones oscilan entre un 10% y un 15% del mercado del arte. Un porcentaje alto y respetable.

Sin embargo, tampoco debería ser tan extraño: muchos de los grandes maestros del arte comenzaron siendo falsificadores. Miguel Ángel, por ejemplo, está considerado uno de los primeros falsificadores del mundo. Tampoco debería asombrarnos tanto, teniendo en cuenta que uno de los ejercicios académicos es esencialmente aprender a través de la imitación de las obras de los grandes maestros. El problema comienza cuando esas imitaciones entran en el mercado del arte como auténticas. Entonces ya hablamos de delito y de estafas millonarias.


Museo de Arte de Falsificaciones. Viena.

Desde el 2005 existe en Viena un museo que se presenta como el único museo de falsificaciones de Europa, y lo hace en estos términos: “El Museo de Arte Falsificado, casi enfrente de la Hundertwasserhaus, es único en Europa. Este ‘criminal’ museo de arte está lleno de pinturas falsas, de falsificadores no sólo de fama mundial como Han van Meegeren, Hebborn Eric, Keating Tom, Elmyr de Hory, Stein David, Kujau Konrad, Mrugalla Edgar, Malskat Lothar y Treto Tony, sino también del llamado “arte de falsificación idéntica” de Schiele, Klimt, Rembrandt, Matisse, Chagall y más”. En la presentación de su colección hacen varias aclaraciones, básicamente conceptuales y de incidencia, en cuanto a la legalidad de la cuestión. Es muy interesante y una verdad a tener en cuenta: “Una copia no es una falsificación”. Sin embargo, esta otra aclaración resulta bastante equívoca y deja la puerta abierta a distintas lecturas: “Una copia de una obra ya existente con la referencia equivocada, es la original”.

Se nos avisa con respecto a la ley. No parecen ser advertencias de protección para coleccionistas, sino para falsificadores o comerciantes de obras falsas, aunque no se especifica: “Precaución con la ley: la propia producción de una pieza de un autor nuevo no es ilegal. Sólo se convierte en ilegal cuando el producto se vende como original. El precio exigido por el artista (deducimos que del original) puede ser considerado como una escala para el precio que se debe pagar. La traición no depende del precio que se paga, sino de la intención al comprar la pintura. Si se ha comprado a causa de información errónea por parte del vendedor, se considera ilegal. La falsificación de certificados de verificación también es ilegal.”

No deje de tener en cuenta estas recomendaciones si quiere hacer carrera como falsificador, porque proviene de una institución autorizada en cuanto al tema: “¿Qué necesita un buen falsificador? En primer lugar, le recomendamos leer Hebborn, el Manual de un falsificador, en el que se explica cada paso al detalle. Y después, visite el Museo de Arte de Falsificaciones de Viena”. Con toda esta información, usted estará listo para tener un futuro brillante.

Es una pena que en la web del museo no haya un listado detallado de títulos y de autores falsificados, ni de imágenes de las 75 piezas que contiene su catálogo. En cambio, sí hay imágenes de las galerías del museo. La colección contiene cuadros y bocetos falsos de genios del arte universal como Rafael, Van Gogh, Monet, Rembrandt, Schiele y Klimt.

En cuanto al arte de la falsificación, el museo dedica un espacio al relato de las historias de los autores considerados como “grandes genios de la falsificación”. Se narra, por ejemplo, la historia del holandés Han van Meegeren, considerado el mejor falsificador de arte del siglo pasado. Van Meegeren fue juzgado después de la II Guerra Mundial por colaborar con los nazis: vendió un Vermeer falso al que fuera fundador de la Gestapo y luego jefe de la aviación nazi, Hermann Göring. En la actualidad, sus obras alcanzan precios de entre 29,000 y 39,000 dólares en las subastas londinenses.

La historia de otro de los falsificadores que posee el museo vienés es la de Tony Treto: “Las obras de Tetro fueron aprobadas regularmente como obras legítimas en los museos, galerías y casas de subasta de todo el mundo. En 1989, Tetro fue declarado culpable por falsificar arte en un juicio en Los Ángeles. Fue liberado en 1994. Actualmente, realiza copias maestras para una lista exclusiva de clientes de élite desde su estudio de California”, comentan en la web del museo. Según parece, su obra maestra es la falsificación de Bouquet Sur la Ville de Marc Chagall (1887-1985).


1. CHAGALL. Bouquet Sur La Ville, Original.
2. Falsificación de Tony Treto.

¿Es el museo de Viena el único museo de arte falsificado de Europa? Ellos se promocionan así, pero es falso.

Por lo menos, hay otros dos museos más que, declarado por ellos, exponen arte falsificado y a los que vale la pena dar crédito: el Museo de la Falsificación de París y el Museo de las Falsificaciones de Bangkok.

El de París, significativamente, se encuentra en la calle Faisanderie (que significa faisán pero también truhán, persona que vive de engaños, sinvergüenza), en un edificio histórico y protegido. Creado en 1951, pertenece a la Unión de Fabricantes para la Protección Internacional de la Propiedad Industrial y Artística.

El catálogo, con más de 350 piezas, está compuesto por todo tipo de productos. El más antiguo data del año 200 a.C: tapones para sellar ánforas de vino que se comercializaban entre Italia y la antigua Galia. El museo expone un tapón auténtico del tratante de vinos junto a uno falsificado. ¿Cuál es su utilidad? La misma que tendría hoy: aprovechar la ventaja que pudiera tener el éxito logrado por el original en calidad de legítimo. Tiene salas dedicadas a los delitos contra el derecho de autor y, en muchos casos, explica las técnicas de falsificación utilizadas. Curiosidades: en una de las salas se indica que cada año se fabrican más de 40 millones de relojes suizos falsos, cifra que podría duplicar la producción de los auténticos.

En Bangkok, Tailandia, el Museo de las Falsificaciones exhibe más de 3,500 objetos falsos. Lleva más de dos décadas abierto al público y su catálogo contiene piezas de poco valor, más que nada objetos comerciales: ropa, perfumes, instrumentos, utensilios, herramientas. Su objetivo es concienciar sobre la importancia de preservar los derechos de propiedad intelectual.

Recuerde: hay arte también en la falsificación. Aunque no se la recomendamos como nicho de inversión.

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