David Rodríguez Caballero


David Rodríguez Caballero, El Hombre De La Tela De Acero

Ana B. Remos


Con un estilo muy peculiar, en lugar de usar materiales y superficies convencionales para pintar Caballero emplea los metales a modo de lienzos.


 

Al igual que ocurre con la historia del arte, el desarrollo artístico de David Rodríguez Caballero es un trabajo que progresa día a día. Nacido en 1970 en Pamplona, ​​la capital histórica de Navarra (España), Caballero siempre supo que quería ser artista. Su implicación con el arte comenzó con las actividades extraescolares, y evolucionó en un currículo académico que lo llevó a licenciarse en Bellas Artes en la Universidad de San Sebastián (Donostia). Además, tiene el Máster de Bellas Artes y de Nuevas Tecnologías e Intervenciones para la Conservación y Restauración del Arte Contemporáneo de la Universidad Complutense de Madrid.


DAVID RODRÍGUEZ CABALLERO.

Aunque se define a sí mismo como pintor, David ha evolucionado y se ha convertido con el tiempo en lo que podemos llamar un escultor, introduciendo en su obra materiales como el latón y el aluminio. El artista los convierte en elementos pictóricos que derivan en formas escultóricas y que alteran los cánones de la pintura tradicional. “Me doy cuenta de que al erosionar y lijar estos metales, estoy pintando. Estoy haciendo una pintura de superficie”. En otras palabras, en lugar de usar materiales y superficies convencionales para pintar, Caballero emplea los metales a modo de lienzos.

Su reciente exposición, presentada como debut en la galería Pop-up C-Art Gallery de la O. Ascanio Gallery de Miami, se compone de una selección de obras creadas en los últimos dos años, con los materiales con los que el artista está más identificado, el metal y el vinilo: “Por un lado tenemos las esculturas, que representan el metal como un elemento tridimensional, ya sea de pie o colgado en una pared. Por otro lado, tenemos los relieves, que están más cerca de la pintura. Luego tenemos las piezas de vinilo, que son como una experiencia para la ‘retina’, con una fuerte alusión a la pintura “.

En su serie de esculturas, Caballero esculpe y moldea los metales para transformar estos materiales, originalmente rígidos, en formas orgánicas, abstractas y casi sin peso que se convierten en relieves o esculturas independientes. Es casi como si sufrieran una transición natural, y pasaran de su estado original a unas formas delicadas que cambian si se las contempla desde diferentes ángulos. La luz también juega un papel fundamental en la experiencia visual: al lijar la superficie del metal, consigue texturas delicadas que, al ser tocadas por la luces y las sombras, reflejan cambios en la rugosidad y parecen trazos de pintura sobre un lienzo.

Caballero define sus abstracciones geométricas como una reformulación constante de su propio trabajo, lo que quiere decir que una obra nos lleva a otra, y así sucesivamente: “Como siempre se ha hecho en la historia del arte, produzco obras que pueden ser interpretadas o descifradas por los espectadores de una manera determinada. Los espectadores pueden sacar sus propias conclusiones y teorías. Recojo sus respuestas y eso moldea mi vida y por lo tanto, mi trabajo. Con el tiempo, se acumula un aura y una semántica que está en constante cambio”. Según Caballero, el arte no es una experiencia de una única faceta, sino un intercambio conceptual continuo entre el artista y el espectador, que se deriva del arte en sí mismo. El artista es sólo una pieza de ese rompecabezas.

Desde el 2010, Caballero tiene su sede en la ciudad de Nueva York. En la actualidad está trabajando con referencias figurativas, lo que supone un alejamiento de sus ecuaciones anteriores, con la abstracción pura y la geometría. El carácter multicultural de la ciudad lo ha inspirado para introducir lo que él llama “máscaras”, las cuales representan máscaras tribales africanas, y también la arquitectura de la ciudad. “Ahora empiezo mi trabajo con las imágenes de representación, que se transforman progresivamente en formas geométricas a través del reduccionismo”.

Las obras de Caballero no sólo resultan estéticamente agradables, sino que son la expresión de su propia memoria pictográfica, representada como un “pensamiento visual” infundido con el lenguaje universal que el artista inyecta en sus interpretaciones del metal y de vinilo.


Tiki Atencio, David Rodríguez Caballero y Trudy Cejas durante la inauguración de la exposición en la galería O. Ascanio de Miami, FL.

Este año, Caballero tiene por delante algunos maravillosos proyectos: a partir de este mes de junio hará una exposición individual, encargada por el crítico de arte y periodista Javier Molins, en el Centro del Carmen del Museo de Valencia (España), seguida de otra exposición monográfica de sus obras en la Galería Marlborough de Mónaco.

 


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